domingo, 28 de mayo de 2017

ENTRE MÁQUINAS – PROYECTAR Y PROYECTARSE. Autor: Mg. Arq. Leandro Tomás Costa

Círculo Negro - Kazimir Malevich

PROYECTO – ELEMENTO TÉCNICO Y PRIMERA INSULARIZACIÓN.

“Los límites de mis lanzamientos son los límites de mi mundo. La mirada que observa una piedra que se arroja es la primera forma de teoría. Si el hombre es el animal que tiene un proyecto, es porque una competencia tempranamente adquirida y radicada en el organismo lo dispone a anticipar los resultados del lanzamiento. El sentido de acierto que le produce alcanzar un blanco o dar un golpe eficaz es el primer peldaño de una función postanimal de la verdad.”[1]

El Filósofo Peter Sloterdijk se refiere, en la cita, al tiempo en el cual, de un fondo natural de múltiples materiales naturales, el homínido, potencialmente sapiens, forma la idea de una piedra como elemento- herramienta que, a posteriori, le permitirá trabajar otros materiales, construir refugios, encender fuegos, dibujar, atacar y defender territorios, etc.

El arrojar la piedra hacia delante en función de un objetivo, es decir el imaginar una situación futura, y el trazado del viaje de la piedra, desde el sujeto que la arroja, para dar en un blanco muchas veces móvil, prefiguran un espacio humano dinámico, preparando el camino para el devenir del pensamiento abstracto, especulativo y proyectual.  

El Proyecto propicia dinámicas intelectuales y materiales.  La evolución de lo técnico, que nace con el uso de la piedra herramental, estará condicionada por la evolución física y psíquica del hombre, y también por la evolución del hábitat humano que será, propongo, asimismo hábitat técnico de lo técnico. Dice Sloterdijk:

 “Lo mejor es imaginarse a las antiguas hordas como una especie de islas flotantes, que avanzan lentamente, de modo espontaneo, por los ríos de la vieja naturaleza. Se separan del medio exterior por la revolucionaria evolución de las técnicas de distanciamiento.”[2]

Del tiempo, en el cual el hombre primitivo proyecto la piedra sobre la naturaleza no humana y humana, nace la horda como organización social. La horda primigenia, comenzaría así una genealogía técnica del hábitat inmunológico de distanciamiento y control respecto del entorno; en términos de Sloterdijk, una primera  insularización, es decir una conformación social-humana, capaz de actuar y proyectar en conjunto su propio hábitat. Dice Sloterdijk:

“El termino insularización, recuérdese, nos había servido, en primera instancia para conceptualizar la secesión de la humanidad de las hordas con respecto a la vieja naturaleza.”[3]

Según Sloterdijk, las islas humanas, tuvieron por finalidad el constituir ámbitos en cuyos centros, resguardados por límites en donde de se ejerce la defensa interior y el ataque hacia el exterior, se incuban seres humanos.

En las islas humanas se proyectaron normas para la administración del hábitat y los hábitos, con el objeto de regular la incubación de hombres[4]. En este marco lo técnico fue regido también por normas, que dirigieron su evolución, según reglas de usos y significaciones diversas. Por lo tanto, en las islas, se desarrollaron igualmente, normas para los hombres, y normas para las organizaciones técnicas.

El Ingeniero y filósofo francés Gilbert Simondon estableció, en ‘El modo de existencia de los objetos técnicos’, tres categorías evolutivas para las entidades técnicas, estas son: Elemento Técnico, Individuo Técnico y Conjunto Técnico. Cada categoría hace su aparición en un determinado momento histórico, constituyendo una instancia de progreso que tiende hacia la individuación del objeto técnico, es decir hacia una saturación progresiva de sus capacidades para intercambiar energía y materia con un entorno específico, con la menor intervención humana posible. Respecto de la primera categoría dice Simondon:

“Los objetos técnicos infraindividuales pueden ser nombrados elementos técnicos; se distinguen de los verdaderos individuos en el sentido de que no poseen medio asociado; pueden integrarse en un individuo; una lámpara de cátodo caliente es un elemento técnico, más que un individuo técnico completo se la puede comparar con lo que es un órgano en un cuerpo vivo.”[5]

Simondon diferencia aquí, Elementos de Individuos Técnicos. Los primeros son independientes del entorno, pero no del hombre que los utiliza como herramientas para realizar un trabajo, mientras que los segundos requieren intercambiar materia y energía con entornos determinados, pero realizan el trabajo directamente, siendo el hombre solo un operador.

Los primeros elementos técnicos, fueron las herramientas que el hombre utilizo como completamiento y potenciación de sus propias fuerzas motrices, para fabricar objetos y, fundamentalmente, construir sus hábitats como esferas inmunológicas, reguladas técnicamente, para incubar linajes humanos y técnicos.

Por milenios, el Elemento Técnico se desarrolló, evoluciono y progreso como única manifestación del Objeto Técnico, teniendo en Occidente, expresiones progresivas, en cada momento de transformación significativa, de la cultura y las civilizaciones.

Para Simondon, los Objetos Técnicos, dadas sus mutaciones en el tiempo, no pueden entenderse desde una metafísica de la esencialidad inalterable, solo desde un estudio de las transformaciones de los mismos, desde estados de abstracción a estados de concretización, dados por saturaciones técnicas producto de invenciones sucesivas.
Pensados de este modo, los Objetos Técnicos son consecuencia de procesos de invención y no de ideas estancas. Los Objetos Técnicos, en su evolución, son devenir en intensidades variables.

La filosofía clásica que busca lo imperecedero de las cosas no es apropiada, según Simondon, para explicar el fenómeno técnico en su devenir; tampoco a su proyecto, y por lo tanto tampoco el sentido de los hábitats donde estos prosperan, donde estos se desarrollan y son inventados.

Simondon utiliza el concepto de invención[6], que si bien es similar a Proyecto en el sentido de una producción que se hace presente, se diferencia en el componente de lo nuevo como devenir; un devenir que se encuentra en la relación entre el hombre inventor que procesa información y el objeto técnico que recibe formas.

De un fondo de virtualidades, de repertorios materiales e intelectuales existentes, el hombre inventor selecciona información, como materia prima, para inventar formas. Se proyecta una invención desde lo dado, pero deviene nuevas formas de Objetos Técnicos. Dice Simondon:

“La relación de participación que vincula a las formas con el fondo es una relación que atraviesa el presente y difunde una influencia en el porvenir sobre el presente, de lo virtual sobre lo actual. Porque el fondo es el sistema de virtualidades, de potenciales, de fuerzas que caminan, mientras que las formas son el sistema de la actualidad. La invención es una asunción del sistema de la actualidad por parte del sistema de las virtualidades, la creación de un sistema único a partir de esos dos sistemas.” [7]

Con la invención de organizaciones técnicas más complejas, comienza la carrera hacia la concretización e individuación progresiva del Objeto Técnico. Simondon, sitúa en la Europa del siglo XVIII, el contexto histórico de la invención del Individuo Técnico, un nuevo tipo de Objeto Técnico que, en la forma de la Máquina, habrá de transformar radicalmente la isla humana.

Durante esta revolución técnica, los ámbitos proyectados acelerarán la extensión de la esfera inmunológica donde se incuban hombres y objetos técnicos. Hacia el final de esta etapa, en el umbral del siglo XIX, en las naciones industrialmente más avanzadas, especialmente Inglaterra, la Europa Occidental y Norteamérica, las ciudades-metrópolis se densificarán con habitantes provenientes de las áreas rurales y se transformarán sustancialmente, para dar lugar a la industria, mediante arquitecturas que concentraran diversos individuos técnicos.

Desde que las hordas más avanzadas técnicamente, proyectaron murallas de piedra en las grandes ciudades antiguas, el hombre definió un interior y una extensión a dominar. El Hombre de la era industrial llevará dicha extensión a todo el mundo, colonizándolo y dominándolo, para alimentar su poder técnico-industrial y comercial.

A fines del siglo XVIII, el Progreso Técnico transformara su sentido, de un sentido de sociedad, entre el hombre y la herramienta, para la realización de trabajos útiles y significativos, al Progreso Técnico Estratégico del poderío industrial-económico, posibilitado por el Individuo Técnico, representado en la Máquina Moderna.


PROGRESO - INDIVIDUO TÉCNICO Y SEGUNDA INSULARIZACIÓN.

 “El progreso del siglo XVIII es un progreso sentido por el individuo en la fuerza, la rapidez y la precisión de sus gestos. El del siglo XIX ya no puede ser experimentado por el individuo porque no está centrado en el como centro de dirección y percepción en la acción adaptada. El individuo se convierte solamente en el espectador de los resultados del funcionamiento de las máquinas,...”[8]

El Individuo Técnico se diferencia del elemento técnico, primero por estar asociado a un entorno, es decir una materia-energía presente en la naturaleza sin la cual no podría funcionar, pero fundamentalmente por estar formado por herramientas agrupadas en sustitución del trabajo directo del hombre, quien se ve restringido al papel de operador. Así los Objetos Técnicos se embarcan en un proceso de individuación técnica, es decir una independencia progresiva, respecto del hombre, para desarrollar un trabajo.

Mientras el Elemento Técnico, constituye un objeto más bien abstracto y cerrado, una herramienta independiente del entorno, en el Individuo Técnico, los elementos técnicos que lo conforman cual órganos a un organismo vivo complejo, lo tornan concreto en su posibilidad de intercambiar energía, materia y cualidades, directamente, con lo que Simondon denomina Entornos Tecno-Geográficos.

La evolución del Individuo Técnico, hacia una concretización interna y externa, mantendrá, sin embargo, rastros variables de abstracción, en cada Elemento Técnico constitutivo, que le permitirán, al hombre inventor, proyectar cambios menos o más radicales, en la búsqueda constante de menores regulaciones humanas, para mayores flujos de intercambio con los Entornos Tecno-Geográficos.

Cada evolución del Individuo Técnico será posible de ser estudiada por el grado de saturación relativa al desarrollo de los elementos técnicos que lo constituyen y el nivel de saturación técnica progresiva y concreta de todo el conjunto.

Para Simondon, el pasaje del Objeto Técnico abstracto al concreto por medio de saturaciones técnicas progresivas, es el Progreso Técnico propiamente dicho. Lo podríamos igualar al Progreso Moderno, en tanto se proyectan, constantemente, innovaciones en los Objetos Técnicos. De ahí la idea de ‘lo moderno’, de lo nuevo como superación de una instancia evolutiva menos sofisticada, a una más sofisticada, lo que se tradujo, también, en los hábitats técnicos. La sociedad entre el hombre y el Elemento Técnico herramental, en el taller, es a la vista del Progreso Técnico Moderno, superada por la capacidad productiva de la Maquina en la fábrica.
                   
Con el progreso técnico como independencia productiva de las maquinas, la población trabajadora se vio alienada, no solo de sus medios de producción, sino del trabajo mismo.
El hombre trabajador, pero también el burgués capitalista, no pudieron replantear sus lugares en el sistema productivo; lugares desde donde poder relacionarse con las máquinas de manera de entender su existencia, y proyectar una nueva sociedad del hombre entre las máquinas, en un nuevo hábitat, libre de dominación. Dice Simondon:

“Por el contrario, el individuo técnico se convierte durante un tiempo en el adversario del hombre, en su competidor, porque el hombre centralizaba en el la individualidad técnica en un tiempo en donde solo existían herramientas; la máquina toma el lugar del hombre porque el hombre cumplía una función de máquina, de portador de herramientas.”[9]

El progreso técnico industrial, estará enraizado desde entonces, en la capacidad de la máquina, como portadora cada vez más eficiente de herramientas, para disponer de la energía presente en los Entornos Tecno-Geográficos, no necesariamente en el reemplazo progresivo de la fuerza de trabajo humano, esto más bien es una consecuencia.

La utilización de la máquina en la industria –Revolución Industrial- generó una primera gran crisis entre grupos de humanos –los trabajadores- y objetos técnicos, hacia dentro de la isla de incubación, pero también hacia fuera.
La evolución de la máquina en este período, es la historia de una marcha sobre la naturaleza conquistada con el fin de proveer materias primas. Dice Simondon:

 “A esta fase corresponde una noción dramática y apasionada del progreso, que se convierte en violación de la naturaleza, conquista del mundo, captura de energías. Esta voluntad de poder se expresa a través de la desmesura tecnicista y tecnocrática de la era de la termodinámica, que tiene un giro a la vez profético y cataclismo.”[10]

El Individuo Técnico, en la figura de la máquina, saturará y concretizará también su hábitat, no solo seleccionando figuras del fondo de naturalezas y Elementos Técnicos, sino conformando grupos de individuos en esferas técnicas habitacionales, en fábricas, laboratorios, redes de ámbitos productivos, etc., que Simondon llamará Conjuntos Técnicos, y cuyo fin será posibilitar la conjunción de diversos Individuos técnicos y medios asociados, en pos de la producción de otros Objetos Técnicos y materialidades tecnificadas.

Durante este período, el aporte del Conjunto Técnico, al nivel de individuación estará condicionado, sin embargo, por una limitación respecto de la sociedad de los Individuos Técnicos que lo conforman. El Conjunto Técnico tendrá su salto evolutivo en el próximo periodo de desarrollo de la insularización humano-técnica.

Los tres tipos de Objetos Técnicos; Elementos, Individuos y Conjuntos, progresaran según lógicas de causalidades recurrentes, es decir que la evolución de los Elementos Técnicos repercutirá en los Individuos Técnicos y desde estos, en los Conjuntos Técnicos, y viceversa, lo que podría explicar la evolución exponencial de la esfera técnica desde la Primera Revolución Industrial a la actualidad.

En términos de Sloterdijk, el contexto de desarrollo progresivo de la maquina requirió de la organización de las poblaciones humanas en clases sociales, por medio de macro-tecnologías administrativas, como el Estado Nación, las instituciones educativas, y las primeras grandes corporaciones industriales. Tecnologías para la incubación de hombres de distinto tipo para distintos fines, gobernantes, elites financieras y comerciales, elites guerreras, elites tecno-científicas, masas de trabajadores, que formarán las poblaciones de los Estados. Sloterdijk identifica a este momento, con el desarrollo de la segunda ola de Insularización:

“Como segunda insularización habíamos entendido el uso del hombre por el hombre típico de las culturas superiores y la sociedad de clases, caracterizada por la dicotomía de la evolución en ofensivas zonas de grandes oportunidades y defensivas culturas paupérrimas.”[11]

En la etapa moderna de la segunda insularización, la máquina permitirá potenciar el despliegue de un nuevo hombre cosmopolita que viaja y conquista territorios técnicamente atrasados, pobres en el contexto del mercado internacional, pero ricos en recursos. Se concretizan nuevos Objetos Técnicos para la exploración terrestre y marítima, mediante nuevas máquinas, como individuos también cosmopolitas. Los Individuos cosmopolitas serán entonces, tanto hombres como máquinas, que viajan y colonizan, en busca de recursos.

Los rastreos incesantes, en territorios colonizados por potencias industriales, de materias primas a ser extraídas para alimentar a los Conjuntos Técnicos o ámbitos fabriles, acelerarán los tiempos para el acaecimiento de guerras cosmopolitas por dichos recursos, especialmente los relativos a tecnologías energéticamente termodinámicas.

Los imperios industriales, con sus choques armados mundiales, pondrán en crisis a la segunda insularización humano-técnica y sus tecnologías administrativas. Los Estados Nacionales deberán continuamente reforzar sus fronteras físicas y simbólicas, para mantenerse a flote. Las industrias de las potencias mundiales fabricarán propaganda político-cultural en este sentido.

Como reacción a un mundo de naciones en puja y crisis, a un mundo de mezclas cosmopolitas, surgirán figuras políticas singulares o plurales que practicarán discursos de unidad de la horda y anclaje a territorios patria. Dichos discursos, se opondrán, de alguna manera, al sujeto cosmopolita, pero defenderán al hombre nacional que coloniza y domina al hombre ‘otro’ y a la naturaleza.

Simondon desarrolló su teoría acerca del modo de existencia de los objetos técnicos entre la posguerra de la Segunda Guerra Mundial y el establecimiento de la Guerra Fría como nuevo esquema del poder mundial. A pesar del pesimismo post-Hiroshima, Simondon propuso desarrollar una educación sobre la técnica que propicie una nueva relación con los Objetos Técnicos, insistiendo en la mediación de un hombre capaz de proyectar, no solo nuevas formas de Objetos Técnicos, sino también, nuevas formas de sociedades maquínicas y humano-maquínicas.

Para operar sobre la evolución de la forma en la máquina, de manera que suponga una superación de una metafísica del dominio cultural sobre los objetos técnicos, Simondon propondrá  acentuar la disposición, en las máquinas, de mantener un cierto grado de indeterminación en sus sistemas, de manera de permitir, por un lado el ingreso de nuevas formas técnicas por parte del hombre inventor, y por el otro, proyectar la vinculación social y solidaria entre máquinas diversas.  Dice Simondon:

“La máquina que está dotada de una alta tecnicidad es una máquina abierta, y el conjunto de máquinas abiertas supone al hombre como  organizador permanente, como interprete viviente de máquinas, unas en relación con otras.”[12]

Simondon predice el desarrollo de los Individuos Técnicos informacionales actuales, y nos advierte sobre la necesidad de ubicar al hombre en un lugar de mediación consciente entre los Individuos Técnicos, para direccionar su evolución según organizaciones de no-dominación, abiertas a las transformaciones debidas al devenir del contexto.

El imaginario de la Ciencia Ficción abunda en historias sobre máquinas autómatas con inteligencia y capacidad, no solo de remplazar el trabajo del hombre y de autoreplicarse, sino de gobernar al mundo y las poblaciones humanas, esclavizando todo lo viviente. Simondon nos recuerda que dentro de cada máquina, hay un gesto humano, que si la maquina domina es porque quien es mediador entre los entornos y la maquina así lo dispuso.

En términos de Sloterdijk, la ideología del dominio, propago sus instrucciones en el mundo de la técnica, y lo que se presenta como temor al dominio de la maquina sobre el hombre, evidentemente, no es otra cosa que el dominio del hombre sobre el hombre, en tanto la máquina es devenir del Objeto Técnico proyectado por el hombre desde el inicio de la historia.
Al utilizar, el hombre, a la máquina en su proyecto de dominación extensiva y extractiva, puso en peligro a la propia evolución y futuro de la máquina, pues una crisis del entorno vivo, es una potencial crisis en la esfera de existencia de las máquinas...

En el final de esta segunda era de la insularización humana, el Proyecto como practica social, aquel iniciado con la técnica de la piedra, que sobreviene forma técnica del Mundo proyectado en el ‘hacia delante’, define una nueva frontera a ser soslayada en el ‘hacia dentro’ de las formas de vida en general y del hombre en particular, con el surgimiento de la bioingeniería.
A través de la bioingeniería, la información, el texto y los códigos, harán de la máquina, una mediadora entre la vida. Los hombres no serán los mediadores entre las maquinas, sino las maquinas entre los hombres.

Desde la primera insularización, el hombre se proyecta a si mismo mediante diversas técnicas de normalización de los ámbitos y de las prácticas sociales. En el ocaso de la segunda insularización, el hombre será capaz de iniciar el desarrollo concreto de las técnicas para el proyecto de las formas vivientes y de los entornos, a través de las tecnologías informáticas.  El Conjunto Técnico, reflejado en aquel imaginario de la fábrica como ámbito da máxima complejidad, tomará la forma del mundo, en una tercera insularización articulada por millones de seres humanos interconectados por macro redes tecnologías, como internet.


REPRODUCCIÓN – CONJUNTO TÉCNICO Y TERCERA INSULORIZACIÓN

En la tercera insularización, entrado el siglo XXI, la onda expansiva del Proyecto de las islas incubadoras de humanos y objetos técnicos, cubrirán, mediante redes, todo el planeta.
Las áreas ricas de la civilización humana, estarán súper-conectadas, las pobres, infra-conectadas como reservas futuras.

En el sentido expresado por Sloterdijk, lo que llamamos  Globalización es una macro-esfera técnica inmunológica, radicalmente consumista de los recursos del entorno natural. Dicho entorno natural no contiene exterioridades a la isla humana, como todavía se podían encontrar en la primera y segunda Insularización, sino que todo recurso natural es interior a la isla. El Proyecto, como onda expansiva de la insularización humano-técnica, completa la forma del planeta y se transforma en intrayecto, un interior continuo, que incluye al propio organismo humano.

La materia-energía natural, que permite concretizar la macro-esfera global es, en mayor medida, no reproducible. En este sentido, la industria moderna fabrica serial-mente, consumiendo de manera irrecuperable, materias primas no-renovables. La producción industrial opera por repetición en el consumo y no por reproducción de aquello que permitiría alargar la existencia temporal, de los sistemas vivos y de los Objetos Técnicos.

Lo que se puede reproducir es lo cultivable mediante la forma de un cuidado de la energía, la materia y la vida. El cultivar como cuidar, requiere de tiempo. El hombre en su despliegue contemporáneo por la isla Humano-técnica carece, por un lado del tiempo para el cuidado de lo que no se corresponde directamente con su ser individuo, y por el otro, de la energía para el trabajo de cuidado, pues está energía, precisamente se extrae del ámbito a ser cuidado. Dice Sloterdijk:

“…Zarathustra acerca del ‘último hombre’. El último hombre en el individualismo de la era industrial ya no es el amigable positivista que ha inventado la felicidad, con sus pequeños placeres para el día y para la noche. El último hombre es, más bien, el hombre sin retorno. Este se construye en un mundo en el que ya no se reconoce primado alguno a la reproducción.”[13]

El último hombre, lo es, no por el advenimiento del superhombre de Nietzsche, sino porque es incapaz de volver a producir la mayor parte del material y la energía necesarios para la isla de incubación que le permiten sucederse y transformarse. El último hombre que consume y se consume; no sabe, no puede, o quizás, no se le permite, detenerse.

Esta ideología productiva de la no reproductibilidad, que denuncia Sloterdijk, neutraliza toda concreción de proyectos que busquen la generación de un nuevo ámbito humano-técnico. Existen propuestas alternativas, pero aún no logran constituirse como prácticas sociales extendidas e interiorizadas en la población mundial. Dice sloterdijk:

“Lo que llama la atención por primera vez en el caso del último de los seres humanos –el solitario sin retorno-, se pone continuamente de manifiesto en artículos de consumo no retornables, en materias primas no retornables, en especies animales no retornables. A la vista de cosas que se agotan o de naturalezas terminales, los últimos seres humanos no son capaces de sacar sus propias conclusiones.”[14]

En el modelo industrial energético-termodinámico de fines de la segunda ola de insularización e inicios de la tercera, los Conjuntos Técnicos, última evolución del Objeto Técnico, forman ámbitos para la incubación de grupos de Individuos Técnicos, donde el hombre recolecta lo producido por cada uno de los Individuos, relacionando tales producciones, pero manteniendo un grado lo más bajo posible de vinculación social entre los Individuos técnicos. Simondon ve en este control dominante un problema, tanto para la evolución de los Objetos Técnicos, como para el hombre, quien seguirá ampliando, de esta manera, su alienación respecto de las máquinas y del mundo industrializado, al no ubicarse en el sitio de complementariedad que, cree, le corresponde.

Simondon entiende que el hombre, además de inventar maquinas, debe mediar entre los procesos sinérgicos de información y formación de los objetos técnicos, permitiendo organizaciones sociales diversas entre máquinas, y entre hombres y máquinas.

Para la maquina también propone una nueva situación en los Conjuntos Técnicos, opuesta a la posibilidad de una individuación totalmente separada del hombre, es decir que Simondon estaba en contra de la idea de la maquina Autómata. Dice Simondon:

“La noción de autómata perfecto es una noción que se obtiene al traspasar un límite y esconde algo contradictorio: el autómata sería una máquina tan perfecta que al margen de indeterminación de su funcionamiento sería nulo, pero, sin embargo, podría recibir, interpretar o emitir información. Ahora bien, si el margen de indeterminación del funcionamiento es nulo, ya no hay variación posible; el funcionamiento se repite indefinidamente, y en consecuencia esta iteración no tiene significación.”[15]

Existen dos tipos de información, una presente en el ruido de la indeterminación, donde el azar y el caos tienen sitio difuso, y otra, donde el grado de indeterminación es mínimo.  La información determinada es, para Simondon, más bien forma y no información, y la forma es cualidad de la máquina.
Las máquinas son formas definidas por el hombre, con información que recibe de varias fuentes, incluyendo las mismas máquinas.
Las maquinas son los moldes que permiten captar lo idéntico, lo repetido, para que el hombre, en su situación de estar entre las máquinas, pueda distinguir informaciones nuevas, es decir, capar lo que queda por fuera de la determinación de la máquina.  Dice Simondon:

“Se puede decir que la forma, concebida como regularidad absoluta, tanto espacial como temporal, no es una información sino una condición de la información. La forma tiene una función de selectividad.”[16]

La información, es una necesidad de los seres vivientes en general y del hombre en particular, mientras que la maquina se sirve de formas, códigos y determinaciones, que le permiten funcionar. Con esto Simondon se diferencia de los que plantean una analogía mimética entre los sistemas de existencia de los seres vivientes y los sistemas de existencia de las máquinas.

Si la Tercera insularización es, según Sloterdijk, lo siguiente: “El tercer aislamiento insular produce, sobre el nivel de aquellas islas de grandes oportunidades, un individualismo postsocial,.... Para la construcción de la sociedad, la tercera ola necesita individuos, los cuales, a su vez, cada vez necesitan menos sociedad.”[17]

Lo que propuso Simondon,  sería proyectar un hábitat y una sociedad, donde hombres y maquinas se acoplen sin dominación de unos sobre otros; donde el hombre obre de mediador entre las máquinas para poder regular el origen, la cantidad y el destino de la energía como portadora de información, de manera de reducir la perdida de energía de los sistemas productivos termodinámicos,  tornando a los Conjuntos Técnicos en verdaderamente reproductivos y creativos.

En una dirección similar, Sloterdijk retoma el postulado de la información como material de proyecto verdaderamente existencial. Si con Simondon la información es la condición para la invención de formas técnicas externas al hombre, en la teoría de Sloterdijk, la integración y acople es total. La información proyectada e introducida a través de la biogenética, toma la forma de máquinas acopladas celularmente al hombre. Dice Sloterdijk:
“En la frase ‘hay información’ hay implicadas otras frases: hay sistemas, hay recuerdos, hay culturas, hay inteligencia artificial, e incluso la oración ‘hay genes’ solo puede ser entendida como el producto de una situación nueva: muestra la transferencia exitosa del principio de información a la esfera de la naturaleza.”[18]
Sloterdijk propone proyectar una ‘homeotécnica’ que se desempeñe como regulación operativa y ética de las nuevas tecnologías informacionales, en oposición a una concepción actual de la técnica, como un tipo de dominación del hombre sobre el hombre,  la naturaleza y los objetos técnicos, que tiende a socializaciones no sociales, instaurando una insularización global replicante de esta modalidad.
La constitución de un mundo sin sociedades de dominación, en el sentido expresado por Simondon y Sloterdijk, no podrá ser posible en la modalidad de un proyecto simplificado, funcionalista y sobre-determinado por ideas estancas. En este sentido lo propuesto por la Dra. María Ledesma respecto de pensar nuevas lógicas para el Proyecto, de los Objetos técnicos y ámbitos humanos, que incorporen las complejidades de sentidos y significaciones del mundo contemporáneo y sus diversos contextos, es una alternativa fundamental. Dice la Dra. Ledesma:
“El proyecto se caracteriza por su cualidad de transformación. A esa cualidad de transformación le corresponden un tipo de pensamiento (diferente al racional pero también del irracional) caracterizado por la incertidumbre, la búsqueda de problemas, la presencia de soluciones diversas, el poder de lo aleatorio, la valoración del contexto –características de la nueva racionalidad- y la ‘irracionalidad’ poética.”[19]
El hombre del Proyecto de los Objetos Técnicos y los ámbitos de incubación humana, tiene una gran responsabilidad y trabajo por delante, en la transformación de un mundo que necesita de cuidados, de solidaridad entre los hombres y los pueblos, y de poesía, fundamentales para una cultura humano-técnica nueva.


Bibliografía:
Bibliografía citada:
-        Sloterdijk, Peter. “Sin Salvación. La domesticación del ser.”, editorial AKAL. Madrid. 2001.
-        Sloterdijk, Peter. “El Hombre Operable”. Revista Observaciones Filosóficas. 2006. Indexada en Base de Datos de la Universidad Complutense de Madrid, UBA, Catalogada en UNIVERSIA.net Directorio de  la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC);  DIALNET Directorio de publicaciones científicas hispanoamericanas; Asociada al Postgrado en Filosofía ­ Pontificia  Universidad Católica de Valparaíso y al Grupo THEORIA Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado. Editor: Dr. Adolfo Vásquez Rocca
-        Sloterdijk, Peter. “En el mismo barco.”, editorial SIRUELA. Madrid. 2002. 
-        Simondon, Gilbert. “El modo de existencia de los objetos técnicos”. Editorial Prometeo. Buenos Aires. 2008.
-        Ledesma, María. “EPISTEMOLOGIA DEL PROYECTO (o en contra del carácter ‘científico’ del proyecto)”.

Bibliografía consultada:
-        Heidegger, Martin. “Caminos de Bosque (El Origen de la Obra de Arte – La Época de la Imagen del Mundo)”, editorial Alianza. Madrid. 2010.
-        Heidegger, Martin. “Cartas al Humanismo”, editorial Alianza. Madrid. 2006.
-        Doberti, Roberto. “Espacialidades”, editorial Infinito, Buenos Aires, 2008.
-        Doberti, Roberto. “Fundamentos de la Teoría del Habitar”, editorial Universidad Metropolitana para la Educación y el trabajo, Buenos Aires, 2014.



[1] Sloterdijk, Peter. “Sin Salvación. La domesticación del ser.”, editorial AKAL. Madrid. 2001. Pág.: 118.
[2] Sloterdijk, Peter. “En el mismo barco.”, editorial SIRUELA. Madrid. 2002.  Pág.: 25
[3] Sloterdijk, Peter. “En el mismo barco.”, editorial SIRUELA. Madrid. 2002.  Pág.: 96.
[4] Con el objetivo de hacer coincidir el presente escrito, con las referencias teórico-bibliográficas, utilizo “Hombre”, en lugar de Sujeto u otra denominación.
[5] Simondon, Gilbert. “El modo de existencia de los objetos técnicos”. Editorial Prometeo. Buenos Aires. 2008. Pág.: 85.
[6] Inventar viene invento y este del latín: Inventus. Prefijo In: en (dentro) y verbo latino venire (venir y  andar).
[7] Simondon, Gilbert. “El modo de existencia de los objetos técnicos”. Editorial Prometeo. Buenos Aires. 2008. Pág.: 79.
[8] Simondon, Gilbert. “El modo de existencia de los objetos técnicos”. Editorial Prometeo. Buenos Aires. 2008. Pág.: 134.
[9] Simondon, Gilbert. “El modo de existencia de los objetos técnicos”. Editorial Prometeo. Buenos Aires. 2008. Pág.: 37.
[10] Simondon, Gilbert. “El modo de existencia de los objetos técnicos”. Editorial Prometeo. Buenos Aires. 2008. Pág.: 37.
[11] Sloterdijk, Peter. “En el mismo barco.”, editorial SIRUELA. Madrid. 2002.  Pág.: 97.
[12] Simondon, Gilbert. “El modo de existencia de los objetos técnicos”. Editorial Prometeo. Buenos Aires. 2008. Pág.: 33.
[13] Sloterdijk, Peter. “En el mismo barco.”, editorial SIRUELA. Madrid. 2002.  Pág.: 102.
[14] Sloterdijk, Peter. “En el mismo barco.”, editorial SIRUELA. Madrid. 2002.  Pág.: 102.
[15] Simondon, Gilbert. “El modo de existencia de los objetos técnicos”. Editorial Prometeo. Buenos Aires. 2008. Pág.: 156.
[16] Simondon, Gilbert. “El modo de existencia de los objetos técnicos”. Editorial Prometeo. Buenos Aires. 2008. Pág.: 154.
[17] Sloterdijk, Peter. “En el mismo barco.”, editorial SIRUELA. Madrid. 2002.  Pág.: 97.
[18] Sloterdijk, Peter. “El Hombre Operable”. Revista Observaciones Filosóficas. 2006.  Pág.: 8.
[19] Ledesma, María. “EPISTEMOLOGIA DEL PROYECTO (o en contra del carácter ‘científico’ del proyecto)”.

REVOLUCIÓN – Arte, Técnica y Revolución-. Autor: Mg. Arq. Leandro Tomás Costa


Dios latino Jano – dios de las puertas, que recibe tanto al pasado, como al futuro – También un dios que recibe e inicia periodos de paz o de guerra.

“En sus orígenes la palabra ´revolución´ fue un término astronómico que alcanzo una importancia creciente en las ciencias naturales gracias a la obra de Copérnico De revolutionibus orbium coelestium. En el uso científico del término, se conservó su significación latina y designaba el movimiento regular, sometido a leyes, y rotatorio de las estrellas, el cual, desde que se sabía que escapaba a la influencia del hombre y era, por lo tanto, irresistible, no se caracterizaba ciertamente ni por la novedad ni por la violencia. Por el contrario, la palabra indica claramente un movimiento recurrente y cíclico.” Arendt, Hannah. ”Sobre la Revolución”

De la “violencia progresiva” a la “técnica progresiva”.

El concepto moderno de Revolución, como nuevo origen, emerge en el campo de la política, desde la Revolución Francesa, ligado al despliegue torrentoso de una fuerza, la historia, y su  consecuencia, el progreso, como una direccionalidad del avance puro. Dice Hannah Arendt:  

“En efecto, la poderosa corriente de la revolución se vio, según la expresión de Robespierre, constantemente acelerada por los ´crímenes de la tiranía´, de una parte,  por los ´progresos de la libertad´, de otra, los cuales se excitaban mutuamente, de tal modo que movimiento y contramovimiento ni se equilibraban ni se detenían el uno al otro, sino que, de modo misterioso, parecían engrosar una corriente de ´violencia progresiva´ que fluía en una misma dirección con una rapidez siempre en aumento.”[1]

La relación entre ciencia, técnica y “violencia progresiva”, se convierte, en la era del Capital, en alianza para dominar. El sujeto moderno y el contexto europeo colonialista forman el caldo de cultivo para el desarrollo del Capitalismo Industrial revolucionario, mediante invenciones tecnológicas como la máquina de vapor de James Watt, el barco a vapor y el tren, también fundamentales para el transporte de tropas y equipamiento militar, en las regiones coloniales del mundo.

En los países más industrializados de Europa, el sujeto moderno acaece urbano. El obrero industrial es una figura fundamental de la nueva etapa de la Revolución Técnica, ahora definitivamente girando alrededor del modelo capitalista del mundo. En simultáneo surgen también las críticas. El genial Karl Marx describe en ‘El Capital’ (1867), la revolución anti-feudal y la acumulación inicial que dieron origen al ciclo revolucionario del Capital, como hechos no exentos de violencia.

Para la teoría propositiva revolucionaria de Marx, el Trabajador Industrial Revolucionario, como sujeto determinado y alienado por las maquinas industriales que opera, deberá emprender, para liberarse, no solo una lucha contra el Capital, es decir contra el Burgués, anterior sujeto revolucionario liberado del yugo monárquico por la Revolución Francesa, sino también contra las máquinas, en tanto son medios para la optimización de la explotación del trabajador.

Frente a la lucha de los trabajadores, el Capital genera nuevas máquinas, que evolucionan cosificando al sujeto, al reemplazar tareas, es decir que el sujeto se maquiniza al operarlas. Marx propondrá hacerse de un control consciente de las máquinas, a través de la lucha revolucionaria obrera.

En su análisis económico-político, Marx reconoce en la figura del proletario al integrante de una masa obrera, como una población que vincula producción y consumo. Una población que, al igual que las maquinas, se consume al producir. Dice Marx:

“La producción es también inmediatamente consumo. Doble consumo, subjetivo y objetivo: el individuo que al producir desarrolla sus capacidades, las gasta también, las consume en el acto de la producción, exactamente como la reproducción natural es un consumo de fuerzas vitales. En segundo lugar: consumo de los medios de producción que se emplean y se usan, y que se disuelven en parte (como por ejemplo., en la combustión) en los elementos generales. Consumo, igualmente de la materia prima que no conserva su forma ni su constitución natural, sino que más aún se consume. Por lo tanto, el acto mismo de la producción, es también en todos sus momentos un acto de consumo.”[2]

Las formas y prácticas de la industria moderna producen subjetividad como productos. Las formas de la era industrial, las máquinas, son formas producto de la ciencia y la Técnica, que no requieren de sujetos con destreza. La importancia estratégica del proletario radica en su relación numérica, en su ser poblacional, bajo el control burgués, por medio de las máquinas, es decir de la Técnica. Dice Marx:

“La actividad del obrero, reducida a una mera abstracción de la actividad, está determinada y regulada en todos los aspectos por el movimiento de la maquinaria, y no a la inversa. La ciencia, que obliga a los miembros inanimados de la máquina -merced a su construcción- a operar como un autómata, conforme un fin, no existe en la conciencia del obrero, sino que opera a través de la máquina, como poder ajeno, como poder de la máquina misma sobre aquél.”[3] 

En la teoría de Marx, cierto Arte forma también parte de la máquina burocrático-militar de la burguesía y de su poder. En este sentido, el Capitalismo sería una operación estética de gran escala y dimensión, organizada con el fin de disponer del sujeto como población-objeto de la producción y del consumo. Dice Marx:

“El objeto de arte –de igual modo que cualquier otro producto- crea un público sensible al arte, capaz de goce estético. De modo que la producción no solamente produce un objeto para el sujeto, sino un sujeto para el objeto.”[4]

En estas pocas líneas se encuentra gran parte del programa del Arte europeo de fines del siglo XIX e inicios del siglo XX. Marx iguala la categoría de objeto artístico con el de cualquier otro fenómeno material proveniente de la industria. Prefigura entonces a muchas de las vanguardias político-artísticas aliadas a la Técnica que pondrán al Arte en un papel activo y cotidiano en el continuo histórico de las revoluciones por venir.

La idea de una alianza de poder, entre el Arte y la Técnica, va incorporándose al flujo histórico nutriendo y nutriéndose del discurso político. La Arquitectura, por ejemplo, como un flujo disciplinario dentro del flujo económico y político, comienza a abandonar su tradición clásica, para acompañar y proponer los nuevos programas edilicios y metropolitanos que la Industria moderna y el comercio de gran escala necesitan. El Arte de la imagen deviene industria gráfica e incorpora al dispositivo fotográfico como instrumento artístico, también al servicio de la propaganda política para las masas, gran agrupación humana que es comienzo y fin de los discursos revolucionarios modernos.

En este contexto de desarrollo tecno-científico y cultural, las potencias europeas desarrollan sus respectivas industrias nacionales y luchan constantemente por colonizar nuevos mercados, pero la fricción entre sus prácticas económico-coloniales, y la necesidad constante de un crecimiento productivo y de consumo, hace insostenible la paz y el mundo estalla en un gran movimiento de distensión y re-distribución del poder mundial. Este movimiento, en si también revolucionario, es la guerra total de 1914. La Primera Guerra Mundial. Dice Arendt al respecto:

“Existe en primer lugar, el hecho de que la guerra total remonta sus orígenes a la Primera Guerra Mundial, desde el momento mismo en que dejó de respetarse la distinción entre soldados y civiles, debido a que era incompatible con las nuevas armas utilizadas entonces.”[5]

El progreso de la técnica, es por lo tanto, el progreso de la máquina de guerra total, la guerra de exterminio total del enemigo. La Técnica Moderna es una fuerza que demuestra, concretamente, la potencia para arrasar con ejércitos, con civiles y con el hábitat humano por completo.

Con la Primera Guerra Mundial, la guerra de la destrucción del medio ambiente humano con gases mortíferos como armas, la Técnica, como una inteligencia-otra, como una entidad máquina, pasa definitivamente a confundirse con la fuerza de la historia.
A pesar de la destrucción sin igual, hasta entonces la fascinación por la Técnica no se detuvo, sino todo lo contrario, se aceleraron los desarrollos tecno-militares, preparando el terreno para la continuación de esta violencia progresiva y total.

En Alemania, en el centro mismo de la industrialización europea continental, nación que organiza su sociedad, su sistema productivo y educativo alrededor de la idea de un poder Técnico-científico y militar, surgen llamados y advertencias de pensadores, como por ejemplo Ernst Jünger, paradójicamente o no, un militar veterano de la Primera Guerra Mundial, fascinado y simultáneamente aterrado con la guerra. La teoría de Jünger  es retomada por Heidegger en sus reflexiones acerca de la Técnica Moderna, como ser para la dominación de la naturaleza y del sujeto. Dice Jünger: 

“En todos los sitios donde el ser humano cae bajo la jurisdicción de la técnica, se ve confrontado a una alternativa ineludible. O bien acepta los medios peculiares de la técnica y habla su lenguaje, o bien perece. Pero cuando alguien acepta esos medios, entonces se convierte, y esto es muy importante, no solo en el sujeto de los procesos técnicos, sino al mismo tiempo en su objeto. El empleo de los medios comporta un estilo de vida enteramente determinado, que se extiende tanto a las cosas grandes como a las cosas menudas del vivir.”[6]

No solo se trata de un estilo de vida determinado, sino de un estilo de violencia, de muerte y de guerra, determinados. La guerra masiva técnicamente desplegada, donde la objetivación del sujeto responde a la estrategia militar, continuación de la política por otros medios, según Von Clausewitz.
El carácter guerrero de la Técnica, aparece puro en el ámbito de la batalla moderna. Los estilos del pasado vuelan por el aire en pedazos, en cada ciudad alcanzada por la maquinaria de guerra. El Arte que, aliado de la Técnica moderna, propone un placentero viaje en transatlántico, entra en una gran crisis con la Primera Guerra Mundial. El mundo del progreso requerirá de un nuevo Arte para poder metabolizar la violencia, mediante metáforas revolucionarias actualizadas.

Las máquinas se despliegan en el espacio de consumo burgués, en el gran número, en la masividad, en la metrópolis industrial superpoblada, en el cine, en el lujo cosmopolita, en el automóvil, el avión, en la nueva vivienda de alta densidad, pero se despliegan también en la forma del tanque de guerra moderno, los acorazados, el fusil ametralladora, la naciente aviación de guerra, en la guerra total moderna. Dice Jünger:

“En el espacio burgués la técnica aparece, en efecto, como un órgano del progreso, un órgano que tiende a la realización plena de lo racional y lo virtuoso. De ahí que la técnica se halle estrechamente ligada a las valoraciones propias del conocimiento, de la moral, del humanitarismo, de la economía y del confort. En ese esquema encaja mal la cara marcial de su cabeza de Jano.”[7]

El estilo de vida moderno es un habitar en movimiento revolucionario donde Técnica, Política y Arte se unen. El movimiento, debido a la fuerza de la Historia-Revolución, se convierte en parte importante del programa experimental del Arte en las regiones mundiales afectadas por las tensiones inherentes al desarrollo Industrial. El vínculo entre Maquina y Arte se afianza, luego del desastre producto de la Primer Guerra Mundial.

De la unión Estética entre Arte-Técnica, en un período inmediatamente anterior y posterior a la Primer Guerra mundial de 1914, surgen, por ejemplo, el Futurismo italiano y el Constructivismo Ruso, como movimientos que conciben un Arte político-revolucionario, donde vida y guerra se condicionan recíprocamente.

Tantos futuristas, como constructivistas, tienen por programa el generar sus mundos y sujetos revolucionarios en alianza con la Técnica. Los primeros presagian el advenimiento de la Primera Guerra Mundial como campo de pruebas de la maquinaria moderna y establecen proclamas emparentadas con el discurso fascista posterior. Los segundos intentarán materializar, artística y arquitectónicamente la ideología de la comunión proletaria y técnica, desde la naciente Revolución Bolchevique, hacia el resto del globo. Tienen en común el haber pensado en la guerra como una instancia necesaria para el establecimiento fundante de un nuevo origen, pero no se los puede considerar lo mismo. Del manifiesto Futurista (puntos 9 al 11):

9.      “Queremos glorificar la guerra - única higiene del mundo-, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los anarquistas, las ideas por las cuales se muere y el desprecio por la mujer.
10.   Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias variadas y combatir el moralismo, el feminismo y todas las demás cobardías oportunistas y utilitarias.
11.   Cantaremos a las grandes multitudes que el trabajo agita, por el placer o por la revuelta: cantaremos a las mareas multicolores y polifónicas de las revoluciones en las capitales modernas; cantaremos al febril fervor nocturno de los arsenales y de los astilleros incendiados por violentas lunas eléctricas; a las estaciones ávidas devoradoras de serpientes que humean, en las fábricas colgadas en las nubes por los hilos de sus humaredas; en los puentes parecidos a gimnastas gigantes que salvan los ríos brillando al sol como cuchillos centelleantes; en los barcos de vapor aventureros que olfatean el horizonte, las locomotoras de ancho pecho que piafan en los raíles como enormes caballos de acero embridados con tubos, y el vuelo deslizante de los aeroplanos, cuya hélice ondea al viento como una bandera y parece aplaudir como una muchedumbre entusiasta.”[8]

Si bien no todos los futuristas compartían estas premisas, las aquí citadas, escritas por Marinetti,  fueron las más publicitadas y difundidas, posiblemente porque exteriorizan, tanto los ánimos de construcción, como los de destrucción, de la manera más directa y sincera.
En el contexto de la Industria moderna, de la relación Hombre-máquina, los futuristas exaltan la fuerza del progreso Técnico, un movimiento artístico revolucionario donde la velocidad es el nuevo valor que define el objeto-canon de la belleza moderna, el automóvil, el hábitat móvil, una arquitectura del movimiento y la velocidad.

Un antecedente del interés por un vínculo reciproco entre Arte y Ciencia aplicada, podemos ubicarlo en los escritos de Richard Wagner, para quien, sin una relación creativa entre inconsciente –Arte-, y conciencia –Ciencia-, esta última detendría su marcha. La ciencia como manifestación consciente del pensamiento del sujeto, no puede completar, para Wagner, por sí sola al discurso de una cultura. Es necesario el Arte, como práctica del crear fenómenos sensibles y significativos, porque este tiende lazos directos al inconsciente como ámbito de las necesidades internas del hombre en sociedad, condición para reflexionar, pensar, conceptualizar y crear mundos nuevos. Dice Wagner:

“La conciencia es el final, la disolución de la inconciencia: la actividad inconsciente, sin embargo, es la actividad de la naturaleza, de la necesidad interna; recién cuando el resultado de esa actividad se vuelve un fenómeno para los sentidos aparece –y por cierto, con el fenómeno sensible- la conciencia. De modo que se equivocan ustedes al buscar la fuerza revolucionaria en la conciencia, pretendiendo por ende que actué a través de la inteligencia: vuestra inteligencia es falsa y arbitraria, en tanto no es la percepción de aquello que ya ha madurado hasta ser un fenómeno sensible.”[9]
Esta concepción del Arte, constituyó un verdadero proyecto revolucionario para el momento. Una Revolución Artística, que se desplegaría con mayor fuerza dramática aún, en el siglo XX.

En las primeras décadas del siglo XX, los Constructivistas rusos también hicieron suyo el discurso de la Técnica, pero desde la urgencia por construir una Revolución Comunista. Los constructivistas no ensayaron un erotismo del futuro tecnificado como los futuristas, sino que dispusieron una técnica de la programación artística-popular para el ‘Aquí y ahora’ de una Revolución política concreta. A diferencia de los Futuristas que entendieron a la lucha como una fuerza de dominio, los constructivistas pensaron a la lucha como un momento necesario para la Liberación de un pueblo sometido y atrasado.

El Arte fue para los constructivistas, más que una herramienta técnica y artística, un arma propagandística de liberación y lucha, una herramienta de programación social para la revolución. Algunas de las obras más significativas de este grupo constituyeron verdaderos  diagramas de guerra abstractos, verdaderas instrucciones en código para la población revolucionaria en armas. El código abstracto, derivado de la irrupción estética de las máquinas en el mundo humano, constituía, creyeron, el  lenguaje apropiado, para establecer articulaciones entre las prácticas del artista, respecto del obrero industrial.



Un ejemplo de lo mencionado es la obra: ´El cuño rojo penetra en el círculo blanco’, de El Lissitsky. La obra,  estudiada con detenimiento por la Dra. Marta Zátonyi, presenta un mensaje que no se decodifica de entrada en el plano de la conciencia, sino que, posiblemente con el objetivo de ser más eficaz, se dirige hacia el inconsciente del observador. Es una orden de batalla directa al  revolucionario y un grito de guerra dirigido en oposición al contra-revolucionario. Dice Zátonyi:

 “El cuño rojo, en forma triangular, con un movimiento que se extiende desde arriba a la izquierda, hacia abajo a la derecha, genera una línea cinética diagonal. El círculo blanco, estático y encerrado en un área negra, va a estallar inmediatamente por la fuerza del cuño rojo. Obvio que el cuño, con su color se refiere al Ejército Rojo, y el blanco del círculo, a las fuerzas contrarevolucionarias. Lo negro de la oscuridad y todo lo que esta puede significar. Pero no se vale de alegorismos. No se vale de relaciones significante-significado, previamente establecidas, avaladas y estancadas. Se responsabiliza por la creación de nuevos signos. “[10]

 Es posible, sin embargo, que el arte constructivista haya desbordado de nuevas compilaciones estéticas, de difícil decodificación por parte de un público masivo, no preparado aún para entender conscientemente, al arte abstracto experimental.
El constructivismo fue finalmente eliminado por las autoridades revolucionarias, como posible desarrollo de un Arte moderno popular para la Rusia comunista. En su lugar se impuso un neo-clasicismo monumental y reaccionario, y se dejó libre el camino para el desarrollo del lado guerrero de la Técnica.

Estandarización – En el Arte y en el arte de la guerra.

A comienzos del siglo XX, la Revolución Técnica y Científica evoluciona hacia una concepción totalizante y de normalización de los productos tecnológicos industriales, con el objetivo de hacer más eficiente la producción. De esa manera un mismo componente industrial, estandarizado, podría ser utilizado en otro objeto industrial y de esa manera generar una red de producción masiva y colaborativa de gran poder.

Esta idea de estandarización normada fue impulsada en Alemania, fundamentalmente, por Hermann Muthesius, fundador de la Deutscher Werkbund, que apoyaba la idea de proyectar mediante ‘Tipos’ o modelos normalizados, desde el componente industrial más elemental a los objetos más complejos, para mejorar la calidad de productos industriales para diversos fines. Al respecto dijo el Arquitecto y teórico Reyner Banham:

“Debe advertirse, además, que las preocupaciones de Muthesius por problemas como el prestigio nacional, la estética, la normalización y  la mecanización habrían de hallar satisfacción parcial –tal como los futuristas- en la primera guerra mundial. Bajo la presión de la necesidad militar y de una situación económica precaria, las normas DIN-Format comenzaron a aplicarse a una creciente gama de productos industriales. Fue, en esencia, la congelación ad-hoc de una serie de dimensiones muy usadas como medidas normales para esa clase particular de productos (Deutsche Industrie-Normen), y así ‘nuestra disciplina militar’ llegó a ser, en verdad, el fundamento de la normalización y la tipificación. El DIN-Format nunca se abandonó del todo después de la guerra, y fue revivido y revisado en la Segunda Guerra Mundial.”[11]

La idea de una producción masiva de objetos, para las masas, tuvo su equivalencia en las guerras de movilización total. Las mismas industrias de las piezas y objetos estandarizados, fabricaban para la paz y para la guerra.

Banham, en su libro ‘Teoría y diseño arquitectónico en la era de la máquina’, establece la conexión, entre los principios estratégicos de Muthesius y el proyecto Técnico, educativo y revolucionario de la Staatliches Bauhauses Weimar, la Escuela de Diseño Bauhaus, que incorpora definitivamente, los temas y problemas de la producción mecánica y masiva, para el año 1923, con los ajustes del programa académico realizados por el Arquitecto Walter Gropius, en ese momento su director.
Alemania se encontraba aún, no solo en un periodo de reconstrucción material, sino en una etapa de reconfiguración profunda de sus postulados estéticos. La Bauhaus fue la síntesis de una nueva etapa de la Revolución Técnica, no solo para Alemania sino para todo el mundo Occidental.
A diferencia de los futuristas y los constructivistas, la Bauhaus, no se plantea como una institución donde exaltar los impulsos guerreros revolucionarios. Es más bien una escuela propositiva de un mundo tecnificado, pero en relativa Paz. Un mundo de exaltación de nuevas sensaciones y sentidos, con la Técnica como medio, y la industria moderna como aliada.

Sin embargo, en el período de entre guerras, la política de expansión industrial y económica vuelve a tensionar la relación entre Paz y Guerra en Europa. Por un lado, la experimentación técnica y artística se acelera. Los avances en el campo del diseño benefician sin duda a la población alemana y sitúan a la industria germana en la vanguardia mundial. Por otro lado, los avances técnicos devienen nuevos armamentos para el exterminio.

El drama del Nacional Socialismo en el poder, alcanza finalmente a la Bauhaus en 1933. Los Nazis cierran la institución con sede en Berlín, siendo el director Mies Van Der Rohe, emprendendiendo simultáneamente, la ficción del retorno a un Neo-Clasicismo Imperial de la mano de Albert Speer como Arquitecto oficial del Tercer Reich, quien alcanzara el rango de Ministro de Armamento y Guerra desde febrero de 1942.

El Estallido de la Segunda Guerra Mundial, en 1938, encontrará a gran parte de los profesores más Importantes de la Bauhaus en el exilio, como por ejemplo Walter Gropius, Mies Van Der Rohe, Laszlo Moholy Nagy, Ludwig Hilberseimer, Marcel Breuer, etc. La mayoría emigrarán a los Estados Unidos, uno de los centros industriales mundiales y futuro enemigo del régimen Nazi.
El cierre de la Bauhaus significó la señal de un mundo, nuevamente ante el abismo. La Técnica Moderna mostrará desde dicho instante y hasta terminar la Segunda Guerra Mundial, su cara más feroz y brutal. Sin embargo la Bauhaus resurgirá, de diversas formas y en distintos sitios del mundo, y continuará sus aportes, en la reconstrucción de posguerra y en la formación de nuevas generaciones de artistas y diseñadores.

Revolución Posmoderna y Metáfora.

Siguiendo el pensamiento de la Dra. Marta Zátonyi en su artículo “El posmodernismo y la Metáfora” podemos decir que, en el contexto histórico cultural de la segunda mitad del siglo XX, se abre una región de reflexión sobre la relación entre Tecno-ciencia y violencia, con el pensamiento crítico posmoderno, que buscó también restablecer a la Metáfora en el Arte, como mediación entre el discurso y el acto concreto, es decir a la Metáfora como generadora del tiempo y del espacio necesarios para una reflexión ética fundamental sobre el desarrollo de la Ciencia y la Técnica modernas, y sus consecuencias.

Con antecedentes en pensadores de diversas posturas filosóficas como los alemanes, Friedrich Nietzsche , Edmund Husserl y Martin Heidegger, y franceses como, Jacques Lacan, Roland Barthes, etc., el movimiento se afianza a partir de la década del 70 del siglo XX, con intelectuales como Jean-François LyotardJacques DerridaMichel Foucault y la dupla de Gilles Deleuze y Felix Guattari, entre otros.
Si bien son diversas las búsquedas de estos teóricos, los une la duda acerca de la verdad absoluta de la Ciencia y la Técnica modernas.

La Metáfora, utilizada por la Técnica y por la Ciencia, es simultáneamente disimulada y velada por los discursos de la generación de conocimiento científico, único validado para los poderes del Estado Moderno y el Mercado. Este movimiento represivo de la Metáfora, bajo el pre-texto de la generación de verdades positivas, operó como disciplinamiento normativo del  sujeto y del Arte. Una estandarización del Arte. Frente a esta estandarización, el mismo Arte genera sus defensas y rebeliones. Cito a la Dra. Zátonyi

“El arte, en cualquiera de sus géneros, inmediatamente resiente esta banalización o  esta muerte y no hay decreto, orden ni siquiera capitales que podrían revertir, por si y en sí, este frustrante proceso. La rebelión posmoderna, frente a graves errores, despropósitos y falencias, y grandes logros y aciertos, es destacable y  loable por su propuesta de revalorizar la METAFORA.”[12]

El Arte aparece, para los posmodernos, como un refugio, no necesariamente cómodo, para que el sujeto reflexione y problematice acerca del mundo por el construido y habitado. Sigue siendo el Arte un Poder capaz tanto de denunciar la violencia utilizando la razón en un sentido Ético, como de acompañarla, si no se lo piensa y se lo reflexiona en el tiempo. En este sentido creo que el movimiento posmoderno significo, más que una revuelta, una Revolución en el sentido Latino original, es decir una Revolución como un retorno reflexivo al origen, luego de un largo ciclo de diversas acontecimientos, mediante las Metáforas como camino. Cito a la Dra. Zátonyi:

Las metáforas de uno mismo también existen, son aportes, son placeres, son creaciones. Son mis obras, las tuyas, de cada uno que enfrenta a la nada, a la renuncia del hacer. El coraje es el que determina no claudicar frente a la abulia, sino aprovechar de la posmodernidad que repito, no es rebeldía contra la ‘razón’, sino contra la razón sin-razón, desarrollar la razón auto-reflexiva, generadora y creativa, pues la humanidad no puede vivir sin ella. Así y solo así podemos tener sentimientos que no son contra nosotros sino para nosotros.”[13]

La Técnica se encuentra actualmente en vías de independizarse. Las maquinas tienden a ser autónomas y auto-replicantes. Las teorías de liberación con la maquina como instrumento, no tienen sentido con fábricas totalmente automatizadas. La inclinación del mercado por sustituir trabajador por máquina está afectando a cada vez más rubros de la economía mundial, incluyendo a los saberes estratégicos y teóricos, con la evolución de la Inteligencia Artificial ¿Qué pasará con las poblaciones sin trabajo? ¿Volverá el Arte a una alianza irreflexiva con la Técnica?

En este contexto emergente, el Arte, con la razón auto-reflexiva que propone la Dra. Zátonyi, tendrá sin duda una gran tarea por delante. La tarea fundamental de mantener la memoria vigente de los devenires de la Técnica y la ciencia. La tarea de redirigir continuamente, mediante los desplazamientos simbólicos[14] correspondientes, a la Fuerza de la Técnica, en sentidos de vida.
La tarea también fundamental de diferenciar entre programas político-artísticos que pueden parecer similares pero no lo son, tal los casos citados de los Futuristas Italianos y los Constructivistas Rusos y la Bauhaus.
Las Nuevas Revoluciones, las nuevas formas y mundos serán vida, también, mediante un Arte que con esos sentidos se desarrolle.






Bibliografía:
-        Arendt, Hannah. “Sobre la Revolución”. Editorial Alianza. España. 2013
-        Banham, Reyner. “Teoría y diseño arquitectónico en la era de la máquina”. Editorial Nueva Visión. Buenos Aires. 1971.
-        Jünger, Ernst. “El Trabajador”. Editorial Tusquets. Barcelona. 2003.
-        Marx, Karl y Engels, Friedrich,  “Manifiesto Comunista”. Editorial Vi-Da Global. Buenos Aires. 2011.
-        Marx, Karl. “Elementos fundamentales de la economía política.” Editorial Siglo XXI. Argentina. 2007.
-        Wagner, Richard. “El Arte del futuro”. Editorial Prometeo. Buenos Aires. 2011
-        Zátonyi, Marta. “El Posmodernismo y la Metáfora”. Publicación digital en: http://www.ethosestudio.com/
-        Zátonyi, Marta. “Una Estética del Arte y el Diseño de Imagen y Sonido”. Editorial Nobuko. Buenos Aires. 2002







[1] Arendt, Hannah. “Sobre la Revolución”. Editorial Alianza. España. 2013
[2] Marx, Karl. “Elementos fundamentales de la economía política.” Editorial Siglo XXI. Argentina. 2007.
[3] Ídem.
[4] Ídem.
[5] Arendt, Hannah. “Sobre la Revolución”. Editorial Alianza. España. 2013
[6] Jünger, Ernst. “El Trabajador”. Editorial Tusquets. Barcelona. 2003.
[7] Ídem
[8] Fragmento del manifiesto Futurista citado en: Banham, Reyner. “Teoría y diseño arquitectónico en la era de la máquina”. Editorial Nueva Visión. Buenos Aires. 1971.
[9] Wagner, Richard. “El Arte del futuro”. Editorial Prometeo. Buenos Aires. 2011
[10] Zátonyi, Marta. “Una Estética del Arte y el Diseño de Imagen y Sonido”. Editorial Nobuko. Buenos Aires. 2002
[11] Banham, Reyner. “Teoría y diseño arquitectónico en la era de la máquina”. Editorial Nueva Visión. Buenos Aires. 1971.
[12] Zátonyi, Marta. “El Posmodernismo y la Metáfora”. Publicación digital en: http://www.ethosestudio.com/
[13] Ídem
[14] En términos de la Dra. Zátonyi.

lunes, 1 de agosto de 2016

Habitar el laberinto – rutas que se bifurcan – Ruta del Diálogo. Autor: Mg. Arq. Leandro Tomás Costa

Habitar el laberinto – rutas que se bifurcan – Ruta del Diálogo.

Por lo general creemos que el impulso a movilizarnos en el espacio es propio. Sin embargo, cuando nos preguntamos por el fundamento más profundo de dicho impulso solemos exteriorizar la causa. Tenemos deberes y  jefes, necesidades primarias, secundarias y otras. La sociedad decimos.

Las prácticas sociales, relativas a los sistemas del habitar y del hablar, nos constituyen y son constituidas por los que habitamos. Los espacios del habitar y las prácticas sociales se interrelacionan recíprocamente, conformando una trama compleja de códigos diversos no siempre perfectamente compatibles entre sí. El resultado, al intentar entenderlo en conjunto, nos estremece, no podemos comprender el sentido último, pero seguimos en movimiento, no podemos detener el devenir. El sueño de las leyes inmutables no instituye verdaderamente al mundo. Este, el mundo del cual formamos parte, es intrincado, como una gigantesca infraestructura espacial y burocrática, incapaz de administrar todos los significados, lenguajes, idiomas y paisajes.

El habitar el mundo, es habitar una construcción múltiple, un bosque impenetrable. Las verticalidades no son fresnos, o por lo menos no siempre, y son sin duda difíciles, sino imposibles de derribar. Percibir el bosque, detectar sus claros, observarlo como un ente abstracto, no es del todo posible cuando se lo está fabricando simultáneamente. Aun así, los que lo habitamos emprendemos el trabajo de trazar caminos, posibles rutas para, no solo atravesarlo, sino explorarlo, entenderlo. Si exploramos al bosque, conoceremos al mundo y al hombre, posiblemente al universo. Podremos entrar y salir de él, controlarlo, dominarlo.

Los griegos, posiblemente los egipcios antes, llamaron a este bosque, este gigantesco y  a la vez diminuto Parque fabricado, laberinto. En él, los elementos y ámbitos se encuentran conectados por rutas. En el mundo clásico, existieron laberintos de una única ruta, con un inicio, un desarrollo prácticamente intestinal y un desenlace central, y también laberintos para perderse con caminos falsos sin salida, donde la dificultad de llegar al centro implicaba la dificultad de poder salir.

En el centro se encontraba el habitante supremo del laberinto, su habitante eterno, el único ser inmanente a dicha construcción, el minotauro, otra cara de Dionisos, ser inmovilizado en el centro. Extraño es que un ser prácticamente divino y sobre natural estuviese habitando encarcelado una arquitectura del hombre. Dédalos el súper-arquitecto que ideo el laberinto mítico, también fue encerrado en su laberinto, del cual pudo, con ingenio y arte, finalmente escapar.

Los hombres tenían que pagar con sacrificios, el poder extraterritorial de los dueños del laberinto, el cual no era aún el mundo, sino parte compacta de él. 

Los hombres tenían una relación de terror con el laberinto, una relación destinal. Entraban forzados al laberinto y no detenían su marcha. Muchos intentaron escapar. El terror era tal que no se detenían ante el cansancio. Los más fuertes llegaban al centro, de donde debían emprender el camino a la salida, pero en el centro eran devorados por el minotauro.

Es un hombre, Teseo, ayudado por Ariadna, hermana de minotauro, quien logra llegar al centro del laberinto y terminar con el minotauro, pero al matarlo, una poderosa maldición cayó sobre el hombre. El laberinto perdió al guardián del centro y por lo tanto al centro mismo, el ámbito imantado que mantenía al laberinto bajo control. Desde entonces el laberinto, como si tuviese vida propia, adentró sus rutas en el mundo hasta tomar su lugar. El laberinto niega las rutas, pero es sin duda una ruta, quiere ser universo, quiere ser interioridad infinita.

Si primigeniamente, el exterior al laberinto era el cielo, mientras el laberinto un infierno. Hoy el exterior al laberinto parece no existir. El terror a la nada es en realidad el temor a un laberinto en continua transformación, que se expande y contrae sin contradecirse.

Cuando vemos el cuadro El Grito de Edvard Munch, nos dicen que es el sujeto moderno que mira al vacío y grita un sonido sordo de terror, como en un mal sueño, donde queremos pedir ayuda y no sale ni un murmullo de nuestra boca aun haciendo un enorme esfuerzo. La alternativa a esta interpretación es que dicho sujeto munchiano haya tomado conciencia de la imposibilidad, no solo de salir, sino también de nacer y habitar en otra configuración espacial que no sea el laberinto. No existen rutas según dos puntos básicos, inicio y llegada, solo estar en continuo movimiento en una entraña arquitectónica superdimensional. No existe tampoco el vacío. Su inexistencia es aún más terrorífica que su existencia.

No sabemos por qué hacemos nuestros movimientos del habitar. No sabemos qué sentido profundo tienen nuestras prácticas sociales modernas. Quizás solo estemos intentando encontrar el camino de salida o intentando habituarnos a ciertos rincones relativamente cómodos solo por momentos. ¿La velocidad? Una estrategia inútil, por cierto peligrosa en un laberinto.

Dédalos - Ts’ui Pen – Borges:

Quien sin dudas fue un experto en denunciar al laberinto, fue el  maestro Jorge Luis Borges. Con una pasión digna de Dédalos, los construyó, los actualizo, los inventó. Fue un pensador del laberinto y de sus habitantes, y fue el mismo un habitante consciente del poder espacial y temporal del laberinto. Un iluminado quizás cegado por el resplandor de su contribución y erudición sobre el tema.

Con Borges las rutas del laberinto se transforman en vías de existencia de configuraciones diversas, de anchos variables, desde los senderos espacio-temporales de un jardín, o bosque, que se bifurcan al infinito, a laberintos en forma de desiertos Saharianos, metáfora de una modernidad acética y multidireccional de la que es imposible salir.

En “El jardín de los senderos que se bifurcan”, Borges ensaya la historia de un posible agente chino al servicio del Imperio Alemán en la primera guerra, llamado Yu Tsun, quien debe comunicar en código un sitio táctico fundamental para neutralizar a las fuerzas británicas antes de ser eliminado por el agente ingles Capitán Richard Madden. Yu Tsun, es descendiente Ts’ui Pen, gobernador de Yunnan, quien deja su cargo para dedicarse a escribir un libro y construir un laberinto. Cuando Yu Tsun, huyendo de Madden desciende de un tren en la estación de Ashgrove –campiña escocesa-, un niño le pregunta: “¿Usted va a casa del doctor Stephen Albert? Mientras otro le explica: “La casa queda lejos de aquí, pero usted no se perderá si toma ese camino a la izquierda y en cada encrucijada del camino dobla a la izquierda”. En ese instante una ruta, una bifurcación abierta define la existencia parcial de Yu Tsun en la historia, quien emprende la búsqueda de Stephen Albert, por lo demás un sinólogo, a través de un Jardín, El jardín de los senderos que se bifurcan.

Al encontrar a Stephen Albert, este le confirma que el jardín de los senderos que se bifurcan, pertenece, como invención, a Ts’ui Pen, ilustre antepasado de Yu Tsun. Stephen Albert explica el carácter secreto del Jardín, el sentido de conexión entre sus múltiples rutas y la dedicación literaria de su artífice.

“Ts’ui Pen diría una vez: Me retiro a escribir un libro. Y otra: me retiro a construir un laberinto. Todos imaginaron dos obras; nadie pensó que libro y laberinto eran un mismo objeto.” 

Así Ts’ui Pen, tributa al laberinto su texto, su libro, un codex, es decir un libro-código de bifuraciones “en el tiempo”, pero con correspondencias espaciales., donde todas las rutas son posibles, todos los inicios y todos los finales, el laberinto total, la negación de la ruta como unicum.
Dice Borges a través de Stephen Albert:
“La explicación es obvia: El jardín de senderos que se bifurcan es una imagen incompleta, pero no falsa, del universo tal como lo concebía Ts’ui Pen. A diferencia de Newton y Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente  vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos.”  

Un laberinto en expansión se proyecta hasta equipararse al universo, con el aporte de Ts’ui Pen – Borges, quien entiende que sin libro, sin codex, no hay laberinto, sin un texto en tanto proyecto, no hay universo, o por lo menos fragmentos significativos de él.  

Yu Tsun  liquida a Stephen Albert, es arrestado por Madden y por último sentenciado a la horca. El jefe de Yu Tsun en Alemania, logra descifrar el mensaje. El sitio a atacar es la ciudad llamada Albert, al norte de Francia. Previamente había quedado claro que “el tiempo se bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros”.  El que Yu Tsun matara a Albert para indicar al Imperio Alemán que ciudad atacar era solo una de las posibles rutas. En otra posible ruta ambos Yu Tsun y Stephen Albert, compartirían una amistad prácticamente eterna.


Cada ruta, cada verdad y exploración en el jardín-bosque tiene su lugar en el codex, un proyecto-libro configurador del laberinto, del cual se puede salir de múltiples maneras, solo para volver a entrar de múltiples maneras. El hilo de Ariadna es en realidad un tejido inconmensurable, una ciudad. Teseo nunca salió verdaderamente del laberinto. Una estratagema del minotauro que Borges decodifica y recodifica como escritura y proyecto. Habitamos el laberinto. Matar al minotauro es inútil, es tiempo de hablar con él. Una ruta del dialogo.


Bibliografía citada:

--      Borges, Jorge Luis, Ficciones: El Jardín de los senderos que se bifurcan, editorial EMECÉ, Buenos Aires, 1996.

Bibliografía Teórica:

--  Doberti, Roberto, Espacialidades, editorial Infinito, Buenos Aires, 2008.
--  Doberti, Roberto, Fundamentos de la Teoría del Habitar, editorial Universidad Metropolitana para la Educación y el trabajo, Buenos Aires, 2014.
--  Deleuze, Gilles, El misterio de Ariadna, Magazine Littéraire, N°298, Francia, 1992.

--  Nietzsche, Friedrich, Ditirambos Dionisiacos, editorial Los libros de Orfeo, Buenos Aires, 1994.