Y así, todo hombre instruido y racional se esforzará en evitar los excesos de todo género, sean en más, sean en menos; sólo debe buscar el justo medio y preferirle a los extremos. Pero aquel no es simplemente el medio de la cosa misma, es el medio con relación a nosotros. Aristóteles, 384-322 a. J. C. Ética a Nicómaco.
Hoy parece representarse esta
visión aristotélica del justo medio en las políticas de la sustentabilidad y la
resiliencia ecológicas que proponen transitar el desfiladero entre el retorno
imposible a una naturaleza regenerada y la colisión a toda velocidad con una
hiper modernidad de la Técnica cuyo programa insaciable yace en el devorar todo
recurso disponible en la tierra y en los organismos vivos, sean los mismos
humanos o no.
En el prudente camino del justo
medio nos encontramos siempre con estos discursos virtuosos, entre el exceso y
la falta, entre los extremos de la inacción por la vía de la negación
esquizofrénica y la neurosis obsesiva del control racional de los impactos
sobre los diferentes entornos y seres. Pero esta supuesta consciencia virtuosa no
parece responder realmente a la cosa, al real.
Cada día vemos a los extremos,
como si de entidades con voluntad se trataran, acercarse más y más a los
civilizados seres humanos, no para complacernos, sino para desbaratar
finalmente las civilizaciones. Por un lado, la actividad industrial de la 2da
revolución industrial basada en los combustibles fósiles se resiste a
finalizar; más bien se encuentra renovada en su impulso, mediante la extracción
total del oro negro. Igualmente, las incipientes tercera y cuarta revolución
industrial, son en su versión actual y hegemónica, ya lo vemos, tan extractivas
y dañinas con el ambiente como las dos revoluciones industriales precedentes.
Por otro lado, vemos como las
naturalezas no humanas, especialmente las climáticas, responden cada vez con
mayor ímpetu al desafío humano. Las catástrofes no se hacen esperar. Sequias
aniquilantes. Inundaciones de escala bíblica. Virus como tempestades. Vientos
letales. Mares enfurecidos. Las naturalezas parecen cobrar la dimensión de la
venganza divina. Ya vemos la devastación posterior a los referidos períodos de
escarmiento. Justamente, hacia los extremos encontramos si no el acabamiento de
la especie humana, muy probablemente el ocaso indeclinable de las
civilizaciones y la cultura.
En este contexto parece imposible
toda virtud del justo medio. El justo medio requiere de reglas, de las mejores
leyes y de una política de aplicación, pero los extremos, tanto del lado del
artificio técnico, como de las respuestas naturales, atraviesan sin problemas
los estatutos y códigos ya que estas reglamentaciones, en tanto límites, son
impuestas desde el exterior a las lógicas de los extremos.
Los extremos se auto rigen. No
solo eso, son potenciales regímenes de transformación y desinformación en tanto
disuelven las formas físicas y metafísicas conocidas. Pero estos regímenes de
desinformación de las formas tienen, disculpas por las redundancias, sus
propias naturalezas. Es desde estas naturalezas, desde sus recónditos
interiores, que tenemos la misión, específicamente los arquitectos, de
construir nuevos sentidos para estos tiempos extremos. Se tratará entonces de
respuestas propias al saber de la arquitectura, pero entretejidas con los bríos
de las tempestades.
Entretejer es propiamente tejer,
Tek en el lenguaje original de donde proviene la arquitectura, siendo que el
tejer de la arquitectura es también su técnica, la Tectónica. La respuesta
desde el interior del problema de los extremos planteados será entonces el
gobernar dichas fuerzas, el administrar desde el propio hogar de estas, desde su
Oikos, esto es desde su propia economía de límites, mediante una tectónica
adecuada. Una Eco-tectónica desde los extremos.
Autor: Dr. Mg. Arq. Leandro Tomás Costa - Breve texto aporte particular al texto general del curso del 1er cuatrimestre de 2025 de la materia electiva de grado Investigacion Proyectual de la FADU_UBA.
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